Machu Pichu (Peru)

Por fin después de muchísimos años me encuentro frente a él, ese deseo de un día poder contemplarlo envuelve ese instante y engrandece la emoción del momento, y de repente, todo se hace “mágico”.

La niebla que despierta la mañana nos muestra un Machu Pichu tímido, apenas se deja ver. Aprovechamos que acaba de amanecer y nos dirigimos a la “Puerta del Sol”. El camino a ratos se vuelve difícil y a ratos te deja sin aliento, al final las ganas pueden. Llegamos a la puerta por donde los Incas entraban a la Ciudadela, nos sentamos en una piedra y pacientes, esperamos a que la niebla poco a poco se fuese disipando para regalarnos el momento. A lo lejos, descubrimos la Ciudad Perdida, todo es grande e inmenso…

Bajamos de nuevo y nos adentramos en la Ciudadela, acaricio las piedras mientras camino por sus calles, intento sentir si esconden recuerdos, pero están frías y no me desvelan ningún misterio. Es imposible pasear por sus calles y no imaginar una Ciudadela llena de incas, el misticismo que envuelve el Machu Pichu, dispara la imaginación y los rayos de sol puede que te provoquen cierto delirio, el calor a media mañana es insoportable.

Si los disparos de las cámaras fotográficas contaminasen, el Machu Pichu, sería uno de los lugares más contaminados del planeta. Desde arriba, desde abajo, de lado, de cerca, infinidad de imágenes que cuando vuelves te cuesta seleccionar, las quieres todas, es como si quisieras documentar cada momento y cada instante, aun no sabes que no te hará falta ninguna imagen para recordar cada detalle.

Ocho horas nos llevó recorrer la Ciudadela, entramos a las 6 de la mañana y salimos por la puerta entorno a las 2 de la tarde. 8 horas me bastaron para bajar de la montaña con energía renovada y sentimiento de haber vivido un sueño, que desde que era niña, había deseado de forma recurrente.

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