Viajando al futuro

Cuando era niña, en mis viajes al futuro, viajaba al año 2000 y pude ver un entorno totalmente intergaláctico, ya sabéis, trajes plateados, vehículos supersónicos, etc. En aquel entonces, soñaba que sería posible viajar por el espacio, visitar otros planetas donde sus habitantes serian un tanto distintos a nosotros. Es curioso, hoy cuando mis sueños me llevan al futuro, no puedo dejar de imaginarme un mundo donde los recursos naturales serán mínimos, donde el cielo se me antoja gris, donde el ser humano adoptará sus formas más primitivas de vivir. Al igual que la realidad ha sido que en el año 2000 no vamos vestidos con trajes plateados ni tampoco nos desplazamos en vehículos galácticos, seguramente lo que hoy veo cuando viajo al futuro, no tendrá nada que ver con la realidad. La diferencia es que mis viajes infantiles me hicieron disfrutar, me hicieron tener una ilusión que todavía hoy conservo en mi recuerdo….pero mis viajes adultos no son alentadores, muy lejos de ilusionarme, me producen tristeza.

Me planteo si toda la información que recibimos sobre el «calentamiento global», el «agujero de ozono» o «La crisis mundial», etc., está cambiando los viajes al futuro de nuestros niños, está dejando sin la esperanza de «un mundo mejor» a todos los que hoy habitamos en este nuestro maravilloso planeta. A los niños de mi generación el mensaje que nos trasladaban era que íbamos hacia un mundo mejor. Eran años en los que nuestros mayores estaban saliendo de un mundo donde la segunda guerra mundial y nuestra propia guerra civil marcaron su infancia, pero miraban al futuro con el convencimiento de que todo había terminado y que el futuro les abría nuevas puertas.

También pude ser que los viajes al futuro vayan cambiando en la medida que te vas haciendo mayor y que los años te vayan dejando sin la capacidad de poder soñar. Me pregunto si cuando un niño viaja al futuro es al mismo futuro al que algunos mayores viajamos de vez en cuando. Lo mismo existen dos futuros totalmente distintos y los adultos hemos elegido viajar siempre al peor de ellos. Puede ser, ahora que caigo…los mayores nos empeñamos siempre en ser pesimistas y sobre todo nos empeñamos en ser «realistas», como si vivir con los pies en el suelo nos engrandeciera como seres humanos. Lo mismo ese realismo en el que queremos vivir, nos hace tener menos capacidad para soñar…. nos impide hacer esos maravillosos viajes, en los que todos cuando éramos niños, disfrutábamos y nos imaginábamos un mundo de aventuras sorprendentes, estábamos deseosos de que los años pasarán deprisa, para poder llegar cuanto antes a ese futuro soñado.

Según escribo y para seguir complicando el tema, se me ocurre que lo mismo otra consecuencia de hacernos mayores es perder esas ganas de que el tiempo pase deprisa, como nos ocurría en nuestra niñez, nuestro sueño inmediato era «ser mayores», todo lo contrario de lo que ahora desde el lado adulto deseamos, nos aterra que el tiempo pase deprisa, no queremos hacernos mayores, ¿por qué dejamos de desear que el futuro llegue cuanto antes?.

Es posible que la falta de sueños e ilusiones nos incapacite el deseo y nos sumerja en una apatía crónica respecto al transcurso del tiempo. Lo mismo nos cansamos de soñar si lo que hemos tenido han sido sueños que no se han hecho realidad (sueños fracasados). Puede también que la culpa sea de los «sueños no soñados«.

Mi padre sin duda fue un gran soñador, nunca le faltaron ilusiones, seguramente nunca perdió esa capacidad de viajar al mejor de los futuros, en su ilusión de hacer realidad sus sueños/ilusiones, no perdió el deseo de que el futuro llegase cuanto antes. Esa ilusión le distrajo de la vida, evito que en sus últimos momentos le pillara a traición esa apatía en la que parece que muchos de nosotros terminaremos cayendo «que poco me queda», «que deprisa pasan los años». Se fue con 86 años y aun hacia planes a largo plazo.

Creo que los sueños, los viajes al mejor de los futuros, las ilusiones son los que nos mantienen vivos, son las que nos hacen desear que el futuro llegue cuanto antes para disfrutar de ese sueño, de esa ilusión que tanto tiempo nos ha mantenido vivos. Creo que si los mayores dejamos de soñar, dejaremos a nuestros niños sin ese futuro tan sorprendente, donde lo desconocido disparaba nuestra imaginación y donde nuestro deseo inmediato era hacernos mayores para llegar cuanto antes a todo lo soñado.

No hagáis mucho ruido, es tarde, tengo sueño y esta noche “quiero soñar”….

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