«Bangkok» Thailandia— sábado, 20 de octubre de 2012
Nuestros deseos se han hecho realidad y por fin hemos tachado de nuestra lista uno de nuestros destinos pendientes. Si tuviese que darle un único calificativo seria “sorprendente”, es la palabra que me viene a la mente cuando analizo el conjunto del viaje.
Según pasan los años, mis necesidades van cambiando, cada día necesito más las emociones que me puede transmitir un solo instante, necesito conjugar la inmensidad del mar con los distintos matices de una puesta de sol. Tailandia no me ha proporcionado solo esta necesidad mía de sentir el olor a salitre e inundar mis pupilas del reflejo de un azul intenso, me ha proporcionado sensaciones nuevas que ni por asomo me hubiese imaginado que hubiese sido capaz de atreverme a experimentar.
Es sábado día 20 de octubre, mañana domingo es mi cumpleaños y con los primero rayos del sol, aterrizaremos en Bangkok, pero eso será mañana, de momento, nos quedan 14 horas de vuelo y afortunadamente sin escalas.
Volamos con la Thai, la primera impresión ha sido muy buena, según entras en el avión ya te sientes en escena, los uniformes de las azafatas ponen el brillo y el color asiático. Boing 747-400 de los nuevos, pantallas en los asientos y con espacio digno para un vuelo de tantas horas. La suerte de nuestra parte, el asiento del medio nos lo bloqueo la azafata en el embarque, con lo que tenemos un extra de espacio, tres asientos para los dos.
Con un cuerpo un tanto desorientado, sin saber muy bien si tenemos que desayunar, comer o dormir, aterrizamos en Bangkok. Seguimos las indicaciones del aeropuerto y pasamos el control aduanero, primera prueba de idioma superada, controlamos las preguntas en inglés de los funcionarios de aduanas. El aeropuerto impresionante, la T4 de Madrid se hace pequeña ante las dimensiones de este aeropuerto. Cambiamos monedas, recogemos maletas y a buscar a nuestro guía, que nos espera a la salida del aeropuerto, vemos el cartel con nuestros nombres y quedamos más relajados.
Nuestro guía se llama “Antonio Braguetazo”, tailandés de unos 50 años, habla un español bastante aceptable. Evidentemente su nombre no es Antonio, suelen ponerse seudónimos para su papel de guía, en este caso como somos españoles, un nombre fácil de recordar es Antonio y lo de Braguetazo es cosecha del humor que Antonio se trajo de su estancia en España durante dos años, por lo menos a él le hacía mucha gracia el significado que tenía para los españoles. Nos acompañó durante los tres días que estuvimos en Bangkok. Nos basto solo una mañana para darnos cuenta que se ganaba la vida como guía por sus conocimientos de nuestro idioma, no precisamente por los conocimientos históricos ni culturales de su país, nunca antes hemos tenido un guía con menos conocimientos, eso sí, el tipo de lo más simpático, se reía de su sombra ¡¡¡que elemento¡¡¡
Son como las 9 de la mañana cuando llegamos al hotel Narai en la calle Silon, una de las avenidas principales y más céntricas de Bangkok. Apenas vemos tráfico en el trayecto del aeropuerto al hotel, es la primera contradicción con toda la información que había leído para preparar nuestro viaje, la verdad es que tampoco tuvimos sensación de estar en una ciudad asiática, autopista y avenidas anchas con sus rascacielos, de momento no sentimos ningún contraste respecto a occidente, salvo algún que otro templo que podías divisar a lo lejos. Antonio nos comenta que al ser domingo la ciudad tiene poca actividad. Nos deja en el hotel y queda con nosotros al día siguiente a las 8 de la mañana, tenemos día libre para un primer contacto de la ciudad.
Caminando por la ciudad enseguida descubres su carácter asiático, los rascacielos y las grandes avenidas, envuelven y ocultan las calles y callejones donde los comercios y casas forman un conjunto difícil de definir y ordenar, puestos ambulantes, taxis y tuc-tuc.
Para celebrar mi cumpleaños elegimos el restaurante Vértigo, en el piso 61 del Hotel Banyan Tree. El restaurante es al aire libre en el piso 61, es la azotea del edificio, con unas vistas tan impresionantes como la factura que pagamos, pero está catalogado dentro de los mejores restaurantes con vistas del mundo.
Cenamos con Bangkok a nuestros pies, momento difícil de olvidar, un capricho que nos mereció la pena, un cumpleaños muy especial.
Para terminar la noche, una vuelta por el mercado nocturno que estaba muy cerquita de nuestro hotel. Cientos de puestos invaden las calles, donde a primera hora de la tarde transitan los coches, al llegar la noche no encuentras 10 metros de calle libre. Cualquier cosa es vendible, camisetas, bolsos, gafas, pantalones, relojes, linternas, cuadros, cojines, luces, etc. Si no buscas algo concreto y no eres muy amante del regateo, este no es tu sitio, por el contrario para los amantes del mercadillo es un paraíso. Para nosotros el único atractivo era el meramente turístico, las compras no despertaron en nosotros ningún interés, es como las tiendas de todo a 1 € de los chinos.
Callejeando te encuentras con un montón de casas de masajes y garitos de actividad sospechosa, donde en la calle, a modo de escaparate, puedes ver a un montón de señoritas con aspecto un tanto infantil. En los alrededores te atropellan un montón de tailandeses ofreciéndote todo tipo de servicios, incluidos los prestados por estas señoritas. Es la otra cara de la moneda, dicen que Tailandia es el país de la sonrisa, la ciudad de los angeles, su naturaleza es tan sobrecogedora como el escenario que puedes ver en este tipo de mercados.
Estábamos en Bangkok a miles de kilómetros de casa, cansados del viaje y de nuestro primer contacto con la ciudad, nos fuimos a dormir un tanto insatisfechos, Bangkok no nos había sorprendido, por lo menos de momento.
Es lunes día 22, nuestro segundo día en Bangkok, Antonio nos recoge en nuestro hotel a las 8 de la mañana. El programa es visitar dos templos y el Palacio Real.
Camino a los templos pasamos por el barrio chino, sus calles están adornadas de un montón de puestos ambulantes, donde venden las típicas pulseras y collares de flores, que luego adornan la gran cantidad de templos y Budas que te encontraras por toda la ciudad. Las utilizan para las ofrendas en los templos, el olor a flores e incienso se te quedará impregnado y varios días después de volver de tu viaje, lo recordaras como algo muy particular de este país.
Como arteria principal el rio Chao Phraya aparece y desaparece según callejeas por la ciudad. El color marrón de sus aguas y el gris metálico de los tejados de las casas que bordean sus dos orillas, aplacan el color de sus templos, los puestos de flores y el dorado brillante de sus Budas.
Templo Wat Pho
En este templo se encuentra el Buda reclinado de 46 metros de largo, la cabeza mide 15 metros y sus pies tienen 3 metros de alto por 5 metros de largo. Es el templo más grande y antiguo de Bangkok, se encuentra a 10 minutos del Palacio Real. Es el primer templo que visitamos y salvo las dimensiones del Buda no es precisamente de los más impresionantes.
Dedicamos el tiempo justo para rodear al Buda, unas fotografías y de nuevo a la furgoneta para nuestra siguiente visita.
Templo Benchamabophit o Templo de Mármol
Construido en 1899 por el Rey Rama V, está construido con mármol de Carrara traído de Italia. Para mí, uno de los templos más bonitos de Bangkok. La construcción en mármol y las dimensiones de los budas son de una perfecta armonía. En Tailandia puedes encontrar Budas de todos los tamaños, para mí los que se pasan en sus dimensiones son un tanto grotescos, pierden esa espiritualidad que todos esperamos encontrar en un país tan entregado a sus rezos.
En la sala de ordenación bajo la estatura del Buda se encuentran las cenizas del Rey Rama V. Al salir de la sala te encuentras con un gran patio de mármol rodeado por una galería con 52 estatuas de Buda.
Wat Phra Kaew (Templo del Buda Esmeralda)
Es el templo budista más sagrado de Tailandia y se encuentra dentro del Palacio Real.
La estatua de este buda es diminuta en relación al resto de Budas que veréis en Tailandia. La estatua mide 66 centímetros y esta tallada de una única piedra de jade. El Rey de Tailandia es la única persona que puede tocarla. Tres veces al año en los cambios de estación, se realiza una ceremonia y el Rey se encarga personalmente de cambiarle su vestimenta.
Dentro del templo no se pueden hacer fotos, se pueden hacer desde fuera a través de una ventana.
Palacio Real
Se trata de un gran conjunto arquitectónico impresionante, formado por un grupo de edificios que sirvieron como casa real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX.
La entrada al Palacio Real no está permitida ni en pantalón corto ni con camisa sin mangas, no dejan pasar una, son muy estrictos con esto.
Se encuentra dentro del distrito Phra Nakhon, en pleno corazón de Bangkok, junto al rio Chao Phraya, ocupa una superficie de 218.400 metros cuadrados y los muros que rodean el Gran Palacio forma un rectángulo de 19 kilómetros de longitud.
Entre muchas de las distintas construcciones que se encuentran en el recinto, llama la atención una torre dorada, se trata de una “estupa”, construcción a modo de campana utilizada en el budismo para contener reliquias y estatuas.
Otra construcción curiosa es una maqueta de gran tamaño de los templos de Angkor de Camboya. Es un complejo impresionante, prepara la cámara, te traerás unas fotografías llenas de color.
Son las tres de la tarde cuando volvemos al hotel, estamos agotados, el calor de Bangkok nos deja sin fuerzas. Comimos cerca del hotel, nos habían hablado de un restaurante local bastante aceptable, pero no lo encontramos. Nos conformamos con algo de comida más occidental.
A primera hora de la tarde nos fuimos al centro comercial MBK. Es uno de los centros comerciales donde todas las guías turísticas te lo plantean como de obligada visita. En realidad es un centro comercial sin más, un tanto peculiar por el desorden de cientos de pantalones, camisas, polos, y todo tipo de productos que podrás encontrar. En esto no puedo ser objetiva, no me gustan las compras, lo único que busco en nuestros viajes es artesanía típica del lugar y no encontré nada que me llamase la atención, seguramente el desorden en la exposición de todo lo que venden me cierra la mente y termino por no ver nada.
Por hoy poco más, a última hora de la noche un paseo de nuevo por el mercado nocturno y de vuelta andando hasta el hotel. Nos fuimos a la cama un poco más satisfechos con Bangkok que el día anterior.
A la mañana siguiente Antonio nos recoge a las 8 de la mañana para ir al mercado flotante.
Mercado Flotante de Damnoen Saduak
Es martes día 23 de octubre, es nuestro tercer día en Bangkok y seguimos con muchas ganas de seguir descubriendo esta ciudad. Nos recoge Antonio para ir al mercado flotante que se sitúa a 80 kilómetros de Bangkok. Es interesante ir a primera hora de la mañana cuando todavía no hay mucha gente. Sin duda es un mercado que perdura por su interés turístico. Aun así, merece la pena, no es un sitio para los amantes de lo “autentico” enseguida te das cuenta que es un espectáculo turístico, pero si no tienes la ocasión de poder disfrutar de un entorno más rural es algo que no puedes dejar de visitar.
Según transcurre la mañana el mercado va aumentando su actividad y un montón de barquitas están a la espera de turista con ganas de recorrer sus canales. Tienes la opción de poder visitar el mercado andando, pero merece la pena completar la experiencia contratando un paseo en barca, es barato y todo lo ves desde otro ángulo distinto.
Las compras mejor en Bangkok, en el mercado es todo muchísimo más caro y tampoco esperes encontrar nada que te llame la atención. Algunas de las mejores fotografías que nos hemos traído han sido las que hicimos en este mercado flotante.
Hoy es nuestro último día en Bangkok, mañana nos recogen a las 4 de la mañana para llevarnos al aeropuerto, volamos a Chiang Mai. Bangkok nos ha dejado confusos, no he terminado de conectar con esta ciudad.
Solo cuando volví de nuestro viaje, me di cuenta que Bangkok es imprescindible como parte de un paseo por un país del que me he enamorado.