Su luna baila todas las noches en su malecón (Cuba)

La primera vez que «salimos» de Cuba, miramos atrás y prometimos volver. Hubo una segunda vez y al igual que la primera, no pudimos evitar hacer la misma promesa. No he visitado Ciudad que me haya atraído más que La Habana. Su luna baila todas las noches en su Malecón, al ritmo de un pueblo, que adora su música y no se separa de su botella de ron.

La primera vez, fue el primero de un montón de viajes que luego realizaría por algunos de los países que tienen la suerte de estar bañados por las aguas del Caribe. Cierto es que el clima y gastronomía de estos países es muy similar, pero existe una gran diferencia en cuanto al carácter y el vivir de sus gentes. El carácter del cubano es extremadamente generoso y esa generosidad la podrás percibir incluso cuando sabes que lo que te están pidiendo es dinero. Lo que te dan a cambio es infinitamente mucho más de lo que ellos esperan poder sacar. Por poco dinero podrás tener un guía que te enseñe la ciudad, un amigo para tomar copas, un confidente para poder hablar de política, un profesor de baile, etc., y lo más sorprendente, es que todo te los envolverán en una sonrisa que difícilmente podrás olvidar.

El contraste de sus gentes junto con unos edificios llenos de desconchones y descoloridos por el paso del tiempo, no te dejarán indiferente. Es un pueblo que vive en la calle, ajeno al deterioro de su ciudad y a las vigas que apuntalan sus casas, a unos coches que siguen en marcha por el ingenio y empeño de sus dueños. Según paseas por sus calles, no puedes dejar de imaginarte la ciudad en su pleno esplendor, la majestuosidad de sus casas coloniales te atrapan para contarte su historia y te advierten que no estás en cualquier lugar del mundo, es una ciudad que aun con su deterioro muestra el orgullo de haber sido una ciudad majestuosa.

No esperéis encontraros miseria en La Habana, su pueblo se empeña en taparla, disfrazarla con ese carácter alegre, con la música que suena por todas partes, pero si observas, si te empeñas en verla, podrás apreciarla y lamentablemente podrás verla no en la imagen de ningún cubano, podrás apreciarla en las caras de un tipo de turismo, que lamentablemente sin ningún escrúpulo está dejando (en el mejor de los casos) a una juventud sin «orgullo».

La naturaleza ha sido muy generosa con el país, sus playas, su vegetación y su sol, hacen que Cuba sea el perfecto paraíso tropical. Los distintos matices turquesas que solo podrás contemplar en las aguas de Varadero te sorprenderán. Sus aguas tan llenas de vida atraen a todos los que practicamos el submarinismo.

La primera vez fui en avión con un paquete turístico, nuestro destino principal fue Varadero, pero fuimos un día a visitar La Habana y otro a Trinidad. En esta ocasión, también hicimos un crucerito de un día, donde nadamos con delfines y terminamos perdidos en un playa paradisíaca en uno de sus muchos cayos. La segunda vez que fui a Cuba lo hice en un crucero por el Caribe. Estuvimos en La Habana dos días, fue sorprenderte entrar en La Habana por el mar, divisar a lo lejos las siluetas de sus edificios y poco a poco acercarnos a una Ciudad a la que habíamos prometido volver.

La Habana

La primera vez aterrizamos en el Aeropuerto de La Habana, como de costumbre, sales del avión y el golpe de calor y humedad se hace sentir. Cansados de las 9 horas de viaje, pasamos los controles aduaneros y retiramos nuestras maletas. En la calle, nos esperaba un autocar para llevarnos hasta Varadero, esa noche vimos La Habana desde las ventanillas del autocar, como niños aplastamos nuestra nariz contra el cristal, con la ansiedad del viajero impaciente por descubrir su nuevo destino.

Cansados llegamos al hotel, son unos 150 kilómetros los que separa la Habana de Varadero. A la mañana siguiente nos despertamos temprano y bajamos a ver la playa, el contraste de azules y verdes de sus aguas, no lo he vuelto a ver en ninguna parte del mundo. Enseguida nos informamos de cómo ir a La Habana y como también ir a Trinidad, un amigo nos dijo que no volviéramos de Cuba sin ir a ver Trinidad.

Contratamos una excursión para pasar todo el día en La Habana. Para empezar dimos una vuelta en autocar por toda la Ciudad, el Malecón, la zona universitaria, el Barrio Chino, etc. Paramos en el Capitolio para hacer una visita guiada. La visita termino por un paseo a pie por La Habana vieja, es en esta zona donde la ciudad te atrapa, la alegría de sus calles es sorprendente, los niños, los ancianos, todos parecen vivir en la calle, es una ciudad muy viva.

Nuestro guía nos dio 2 horas de visita libre, enseguida nos dirigimos a la Bodeguita del Medio, típica bodega donde la fama de sus mojitos ha atraído a casi todos los turistas que han visitado La Habana. Nos tomamos el primer «mojito» y continuamos metiéndonos en todos los garitos de la ciudad, (por cierto, en La Floridita están mucho mas buenos) su música en directo nos invitaba a pasar y seguir degustando sus mojitos. Llego la noche y pudimos descubrir su famoso Malecón.

Cansados volvimos a Varadero, con el sentimiento de habernos quedado con ganas de seguir en La Habana. En nuestro segundo viaje el barco atraco en La Habana y pudimos disfrutar de la ciudad durante dos días.

Trinidad

De Varadero a Trinidad teníamos unos 500 kilómetros de distancia, demasiado para ir en coche o en autocar, sus carreteras no son muy buenas. Encontramos la alternativa perfecta, nos propusieron una excursión a Trinidad en helicóptero, ahora visto en la distancia creo que fue un poco arriesgado. El aparato era un viejo Antonov utilizado en la segunda guerra mundial. Cruzamos la isla a vista de pájaro, fue genial, fuimos contemplando sus campos sembrados, sus pequeñas poblaciones.

Antes de ir a Trinidad pudimos disfrutar de un paseo por el Parque Guanayara, el parque se encuentra a 550 metros sobre el nivel del mar, en un entorno de extremada belleza. Recorrimos el sendero «Centinelas del río melodioso», visitamos el salto «El Rocío» y una poza de aguas transparentes llamado «El Venado». Después de una larga caminata se encuentra un rancho llamado «La casa de la Gallega», se trata de un restaurante que lo regenta una familia de españoles. Comimos un delicioso pollo a la gallega y pudimos degustar una variada clase de frutas tropicales, todo en un entorno natural de cuento de hadas.

Después de comer fuimos a Trinidad. En 1988 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se conserva casi intacta, os parecerá estar viviendo en la época colonial. Sus casas con sus patios enormes, sus palacios, sus calles empedradas, su magnífica iglesia, realmente una visita impresionante, tendrás la sensación de que es una ciudad por donde no ha pasado el tiempo.

Lejos de La Habana, es una ciudad donde el paso del tiempo se quedó congelado en época de españoles, de conquistadores que dieron esplendor a una ciudad que ha conservado tanto sus calles como sus casas en un estado perfecto, no encontraras el deterioro que puedes ver en cualquier edificio de La Habana.

    

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Avatar de maribelrodri maribelrodri dice:

    Quiero salir tambien

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