15 días trabajando en Nueva York

New York, Estados Unidos— domingo, 12 de septiembre de 2010

 Nunca pensé que la primera vez que viajaría a Nueva York seria por temas laborales, pero las circunstancias se anticiparon a ese deseo recurrente, que durante años, contemplábamos a la hora de organizar nuestros viajes.

La experiencia no podía haber sido más completa, vivir quince días en Nueva York con las rutinas propias de un día de trabajo, te hacen sentir la ciudad desde otro prisma distinto, al que habitualmente acostumbras cuando preparas una maleta para un viaje de placer.

La Gran Manzana me daría durante quince días, el decorado perfecto para experimentar el día a día de una ciudad, en la que a lo largo de nuestras vidas, todos de alguna manera, hemos ido conociendo a través de cientos de películas.

Es sábado y después de un vuelo de 8 horas aterrizamos en el aeropuerto internacional Kennedy. Viajo con una compañera de trabajo, hasta la semana siguiente no se uniría a nosotras mi marido, que como os podéis imaginar, no se podía resistir a aprovechar la ocasión y pasar unos días conmigo en Nueva York.

Desde la autopista que conecta el aeropuerto con Manhattan, cuando te acercas, a lo lejos, aparecen los gigantes rascacielos donde el reflejo y brillo de sus cristales, dibujan la postal más representativa de esta ciudad.

Nos alojamos en el hotel DoubleTree by Hilton, en Lexington Avenue, estaba cerca de nuestra oficina, con lo que todos los días podíamos ir caminando. Justo enfrente, teníamos una estación de metro y andando quedaba cerca casi todo.

Llegamos al hotel, dejamos maleta y ordenador y nos preparamos para nuestro primer contacto con la ciudad, no podíamos dejarlo para el domingo, con el entusiasmo de dos adolescentes, salimos a la calle sin ningún plan, cogimos un mapa en el hotel que junto con nuestro entusiasmo y con nuestra impaciencia de sentir que estábamos en Nueva York, nos llevó sin apenas darnos cuenta al mismísimo centro de Broadway donde los decorados llenos de carteles luminosos te impactan. Un montón de teatros y musicales, comercios y restaurantes forman un conjunto luminoso de imágenes en movimiento, en las que no puedes dejar de pararte para ver los anuncios completos.

Lo especial de esta ciudad es que no te sientes un extraño, me imagino que el cine y la televisión nos han trasladado un montón de veces a Nueva York. Sin duda es una de las ciudades más cosmopolita del planeta.

Es una ciudad que te transmite energía, cada día quieres más. El domingo lo aprovechamos para conocer la ciudad caminando. Al salir del hotel nos encontramos con la sorpresa de que la calle estaba tomada por un montón de puestos donde vendían de todo, es un mercadillo que cada domingo lo montan en una calle distinta. Mi compañera por la noche se estudiaba lo que teníamos que ver al día siguiente, con lo que yo me relaje y me deje llevar por los planes de Isabel que fueron más que acertados, gracias a ella conocimos lo más significativo de la ciudad y con todo tipo de detalles.

Esa mañana nos entretuvimos en el mercadillo, comprando camisetas para amigos y familiares. De paso, nos paramos a ver la Estación Central (Grand Central Terminal) entre Park Ave y Lexington Ave. Sin duda es una parada obligatoria. Enseguida la reconoces por la cantidad de veces que la hemos podido ver en el cine.

En el vestíbulo principal, si miras hacia arriba podrás apreciar un mural astronómico precioso. Inevitable no fijarte en el reloj, de frente sus escaleras y dos candelabros que llamarán tu atención. Te llevará un rato ver el vestíbulo por la cantidad de detalles.

Siguiendo por Lexington Ave, te encuentras con uno de los edificios más emblemáticos de la Gran Manzana, el edificio Chysler (Chrysler Building), curioso pararse a ver los detalles, como curiosidad podrás apreciar la ornamentación de la torre que está inspirada en los tapacubos usados en los automóviles Chrysler. En cada una de las esquinas del piso 61 hay una gárgola con forma de águila. Más abajo, en el piso 31, están unas réplicas de las tapas de los radiadores de los automóviles Chrysler de 1929, a las que se les añadieron unas alas. Se puede visitar el vestíbulo pero como es domingo está cerrado y no lo podemos ver. Merece la pena pararse a ver todos estos detalles que mi compañera había ido recopilando de un diario que prepararon otras compañeras de la oficina que estuvieron el año anterior.

Seguimos caminando y llegamos Broadway desde donde nos acercamos a Macy‘s que es uno de los almacenes más famosos, como en España el Corte Ingles. Interesante saber que en la primera planta con el pasaporte puedes pedir un vale de descuento para solo turistas (creo que era como un 20 %) para algunas de las secciones como joyería y perfumería. Merece la pena, seguro que sales con algo.

Siguiendo con el paseo llegamos hasta la iglesia más antigua de Manhattan St.Paul´s Chapel (San Paul). Está en Broadway, entre Fulton St y Vesey St. En Manhattan podrás encontrar un contraste interesante de edificios súper modernos, con un montón de iglesias y sinagogas de construcción antigua. Fascinante el efecto que puedes apreciar al mirar a los edificios y ver estas iglesias reflejadas en sus fachadas de cristal.

Sin apenas darnos cuenta habíamos pasado el día viendo un montón de calles, edificios, comercios y apenas nos dimos cuenta que estábamos súper cansadas, todo lo hicimos andando.

Este fue nuestro primer encuentro con la ciudad, por delante nos quedaban dos semanas para disfrutarla y conocerla, estábamos entusiasmadas.

Es lunes y toca trabajar, se hace un poco extraño pensar en la oficina estando en NY, pero hasta las 5 de la tarde tendremos que dejar el papel de turistas y meternos de lleno en el trabajo que nos había llevado a Nueva York.

Metidas en nuestro rol laboral, salimos a la calle dejando en el hotel nuestros pantalones vaqueros y nuestras mochilas urbanas preparadas, para de nuevo a la tarde, salir a disfrutar de la ciudad. Hoy el escenario es distinto, las calles están llenas de gente vestidas con trajes y corbatas, con maletín en mano invaden las avenidas.

Es curioso, pero trabajar con el entusiasmo de que pase el día y poder terminar, hace que el día te cunda mucho más y que la energía la tengas a flor de piel. Salimos a comer y de nuevo la calle era un bullicio de gente que en cualquier banco o parque estaban comiendo, es habitual llevarse la comida de casa o comprar comida rápida en un montón de locales donde tienes ensaladas, bocadillos, etc se come en muy poco tiempo respecto a España, en media hora como mucho, todo el mundo vuelve a la oficina.

Por la tarde nos fuimos a China Town, la experiencia fue un tanto excitante por el miedo que pasamos. Te abordaran en la calle un montón de gente ofreciéndote todo tipo de marcas de primera, principalmente bolsos y relojes. Después de insistirnos mucho accedimos a ver lo que nos ofrecían y siguiendo al chino entre calles llegamos a un edificio abandonado tipo almacén, mirando para todos los lados abrió la puerta y casi nos metió a empujones cerrando la puerta deprisa. En ese instante, nuestros corazones bombeaban a cien por hora, bajamos unas escaleras y pasamos por una especie de salas donde podías ver habitaciones que parecían frigoríficos abandonados, era como una película de miedo y de un momento a otro nos meterían en una de esas cámaras amordazándonos.

Para nuestra tranquilidad, llegamos a una habitación donde abrieron la puerta y pudimos ver un montón de bolsos de todas las marcas y lo más importante es que pudimos respirar, en ella estaban otros turistas que estaban regateando el precio con otros chinos. Las falsificaciones son realmente buenas.

Fue una experiencia, salimos con un ataque de risa y creo que aun estábamos pálidas del miedo que habíamos pasado. A lo largo de la calle principal, donde están todos los bazares, en cualquiera de ellos te ofrecerán también falsificaciones, el sistema que utilizan es también un tanto sorprenderte. Por teléfono hablan con alguien que está en la calle para que les confirmen que no se encuentra ningún policía cerca, de repente descubren las estanterías de la tienda y puedes ver una puerta cerrada con un sistema electrónico de cerradura, meten una llave y te empujan a una habitación diminuta donde con la luz apagada cierran corriendo la puerta activando el sistema electrónico de la cerradura, cuando han cerrado encienden la luz y puedes ver un montón de bolsos y maletas apiñadas, todas de buenas marcas.

Decidimos que por esa tarde era suficiente tanta emoción, acordamos no volver a exponernos y esperar a que llegará Carlos el fin de semana, estaríamos más seguras si el aguarda en la calle esperándonos.

Al lado de China Town esta la pequeña Italia (Little Italy) y tuvimos la suerte que estaban de fiesta, a lo largo de toda la calle un montón de restaurantes italianos y un montón de puestos donde preparaban comida italiana. Estaban festejando la fiesta de una virgen, con lo que el ambiente era de festejo.

El resto de días lo dedicamos a pasear por la 5º avenida, viendo un montón de tiendas de firma. Cada noche cenábamos donde nos recomendaban los compañeros de la oficina, con lo que no teníamos que complicarnos mucho buscando sitios. Nueva York es bastante caro, todo lo que no sea comida rápida se encarece considerablemente, siempre teniendo en cuenta que en la factura y los precios de la carta tienes que sumar un 15% de propina que te la aplican sin pedirte permiso, no es una opción, tienes que pagarlo.

Como capricho una noche nos fuimos a cenar al restaurante giratorio que está en el hotel Marriott en Broadway. Los ascensores son transparente de alta velocidad, esta chulo subir aunque no vayas al restaurante nadie te parara y podrás subir por el placer de subir en los ascensores.

El restaurante es redondo y muy despacio va girando según cenas contemplando Nueva York de noche, con todas las luces de sus edificios. La comida no está mal pero ni mucho menos para la factura que pagamos ¡¡una barbaridad¡¡ con su 15% de propina de costumbre. Una planta más abajo el mismo restaurante tiene un bufet que es más económico, te sirves tú la comida, no lo probamos con lo que no puedo opinar.

Entretenidas pasamos la semana, por la mañana con chaqueta y tacones y por las tardes con vaqueros o pantalones cortos, es septiembre y la temperatura es ideal tanto de día como de noche.

El fin de semana llego Carlos y mi compañera ya tenía estudiado todo lo que podíamos ver. El sábado hicimos el crucero para ir a ver la Estatura de la Libertad. Nos hizo un día precioso con lo que la vuelta fue de lo más agradable, puedes ir viendo Manhattan desde fuera ya que el crucero da la vuelta a una distancia que puedes ir apreciando el decorado de un montón de rascacielos. El barco hace una parada al llegar a la Estatua de la Libertad para que puedas sacar todas las fotografías que quieras. La primera impresión fue un tanto decepcionante, me la imaginaba mucho más grande, desde cerca se me hacía pequeña.

El crucero continúo hasta dejarnos en un embarcadero que está justo debajo del puente de Brooklyn. Nos bajamos y aprovechamos para tomarnos un café en el River Café, es un emblemático restaurante con vistas al rio desde donde puedes contemplar al otro lado el distrito financiero.

Al lado del River Café tienes un embarcadero donde puedes contemplar las vistas del bajo Manhattan, desde este lugar es donde se toman la mayoría de fotos para las postales.

Un momento esperado era cruzar el puente de Brooklyn andando, es espectacular las vistas que puedes ir contemplando según paseas por encima del puente. A la izquierda y a lo lejos la Estatua de la Libertad, de frente el bajo Manhattan y a la derecha el puente de Manhattan. Un momento muy especial, es uno de los instantes que con más entusiasmo recuerdo de mi estancia en Nueva York.

Terminamos el recorrido por todo el distrito financiero. Un puntito de tristeza al pasar por la zona cero donde estaban las torres gemelas, estaba todo vallado y no se podían ver las obras del parque que estaban construyendo.

Parada obligatoria en el Federal Hall Nacional Memorial. La estatua de bronce de George Washington marca el lugar donde el primer presidente de la nación juro su cargo.

Continúas el recorrido y al lado tienes la New York Stock Exchange. La bolsa que tantas veces hemos visto en la televisión. En Nueva York reconoces todos los edificios cuando los ves.

Para la foto de rigor paramos en la estatua del famoso toro del distrito financiero, Bull de Bowling Grenn.

Reventados cogimos un taxi y de vuelta al hotel, el día había sido completo y nuestros pies se negaron a dar un paso más.

El domingo por la mañana disfrutamos de Central Park. Un acierto ir en domingo, las calles llenas de gente patinando y montando en bicicleta. En las praderas familias con niños disfrutando de un paseo por el parque. Imprescindible llegar a las praderas donde sentados en el césped puedes disfrutar de las vistas donde al frente se ven los edificios de la ciudad. Infinidad de veces en anuncios y películas hemos podido ver como los oficinistas comen sentados en esas praderas.

Salimos del parque por el lado de la plaza de Colon, unas fotografías y nos dirigimos al Rockefeller Center. Desde el mirador que se encuentra en el último piso de este edificio puedes contemplar unas vistas increíbles de Nueva York, podrás ver las dimensiones de Central Park que desde el Empire State no podrás ver. El mirador es de lo más panorámico ya que desde el suelo se levantan paneles de cristal que no te restarán visibilidad. A este mirador es interesante ir por la mañana y dejar por la tarde la visita al Empire State.

Parada para comer y continuamos nuestros largos paseos por la ciudad que ya a estas alturas la conocíamos como para movernos sin tener que pensar mucho.

Por la tarde a última hora, fuimos al Empire State donde es interesante ir a última hora cuando empieza a atardecer, además de que hay menos gente tiene la ventaja de que cuando subes ves la ciudad de día y en pocos minutos contemplas como el sol se va fundiendo con la ciudad, la puesta de sol es alucinante, puedes ver cómo se va apagando el día y poco a poco todas las luces de la ciudad empiezan a iluminar el momento. Espectaculares las fotos que nos trajimos.

Esto es lo más significativo a destacar, puedes disfrutar de mucho más, simplemente con salir a la calle es un espectáculo, es una ciudad que te transmite energía donde el descanso ni lo contemplas, cada día quieres más y solo te das cuenta del cansancio cuando llega la noche y te sientas.

Dos semanas muy intensas, donde la experiencia de vivir la ciudad desde el lado laboral, nos ha aportado la parte más cercana y cotidiana que difícilmente puedes apreciar en un viaje de placer.

Seis años después de este viaje, mi hijo junto a su familia se han ido a vivir a Nueva York, ahora disfruto de esta ciudad desde un lado mas cercano, nada que ver con la experiencia que hace años me llevo a conocer Nueva York.

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